Una idea es una cosa, pero desarrollarla hasta convertirla en un concepto y luego en un producto final de éxito es algo que muchos subestiman. Antes de poder desarrollar un concepto, es importante (tanto para nosotros como para ti) tener bien perfilados todos los elementos y los límites. Cuanto más claro esté todo esto, más rápido y mejor se podrá ejecutar tu concepto. Para ello no existe, por supuesto, una única manera correcta, pero sí puedes guiarte por una serie de pautas y aspectos a tener en cuenta. Con mucho gusto compartimos contigo nuestras experiencias.
1. «Una idea no es lo mismo que un concepto»
Ten claro que una idea no es lo mismo que un concepto. Todo empieza con una sola idea: un pensamiento o una noción con un objetivo abstracto. Pero ahí todavía te queda mucho camino. Para convertirlo en un concepto de verdad, conectas entre sí distintos enfoques y capacidades. Esas partes juntas dan lugar a un conjunto de elementos coherentes con un objetivo claro: el concepto. Asegúrate de tener una imagen clara de todas estas piezas, porque una idea por sí sola no basta, ¡está claro!
2. «Fija un objetivo y no lo sueltes»
Cualquiera que esté entusiasmado con su idea puede, de vez en cuando, pasarse de entusiasmo. A nosotros también nos pasa ;) Esto es genial para tu proceso creativo, pero no siempre favorece sus resultados. Tu idea se concibió para servir a un objetivo concreto, con posibles subobjetivos que lo amplían. Toma como ejemplo Airbnb: el objetivo principal es reunir la oferta y la demanda de alojamientos. Los subobjetivos son ofrecer tanta comodidad, transparencia, asequibilidad, etcétera, como sea posible.
Tómate el tiempo suficiente para fijar este objetivo y evaluarlo con la frecuencia debida. Al principio puede parecer que no haces más que dar vueltas a lo mismo, pero eso es justo lo importante para una buena delimitación. Un alcance cada vez más pequeño; cuanto más claro, mejor. Para ello puedes hacerte las siguientes preguntas:
- ¿Para quién importa el objetivo del concepto? → ¿Cuál es tu público objetivo (quién va a usar tu producto) y cuál es el valor añadido para ese público?
- ¿Cuál es el objetivo principal de tu concepto? → ¿Cuál es el resultado para el usuario durante o después de usar tu producto final?
- ¿Qué pasos hay que dar para hacer realidad el concepto? → ¿Los brains, los builders, los boosters?
3. «Sé crítico y reflexiona sobre tus ideas»
Es evidente que tienes que estar convencido de tu idea cuando empiezas a desarrollarla. Pero eso no quita que debas seguir siendo crítico con tus planes y con las partes que los componen. Hazte continuamente preguntas críticas para asegurarte de que tu concepto sirve realmente al objetivo final. El objetivo que has fijado es el punto de partida al que siempre puedes volver para no desviarte del hilo conductor. Para ello puedes hacerte las siguientes preguntas:
- ¿Ofrece de verdad tu producto el valor añadido que esperas para el usuario?
- ¿Está tu público objetivo (o tus públicos objetivo) lo bastante claro y le interesa de verdad tu producto?
- ¿Existe otro producto que ya cubra esa demanda del público? Si es así, ¿en qué se diferencia el tuyo?
A estas alturas ya estás muy metido en tu concepto y, por tu propia implicación, a menudo te cuesta más juzgar si sigues mirando la situación con objetividad. Por eso, mantente abierto al feedback e intenta incorporar las aportaciones al proyecto de forma bien meditada.

4. «Fija expectativas claras y realistas»
Una vez que has fijado tus objetivos, vuelve a tocar una ronda de evaluación. Tus objetivos pueden ser clarísimos, pero si no son realizables te vas a atascar muy pronto en el proceso. Así que sé consciente de tu capacidad y comprueba si tus expectativas van en la misma línea. Haz un resumen de todo esto y comprueba si tus objetivos asociados son realistas. Piensa, como mínimo, en tu tiempo disponible y tus recursos económicos, pero sobre todo en lo que puedes esperar a cambio. Repasa también los pasos que fijaste en el paso 2. ¿Siguen siendo relevantes y realistas?
- ¿Cuál es tu propia aportación? → ¿Cuánto tiempo y cuántos recursos económicos puedes y quieres dedicar a tu concepto?
- ¿Qué resultados esperas de tu concepto en cuanto a contenido? → ¿Cómo debe verse, cómo debe funcionar?
- ¿Qué resultados esperas de la ejecución de tu concepto? → ¿Qué cifras quieres alcanzar tras el lanzamiento del producto?
5. «Un concepto siempre evoluciona»
Más fácil de decir que de hacer, claro. Ten en cuenta que esto puede convertirse en una empresa de largo recorrido. El desarrollo de un concepto es un proceso creativo y extenso que puede llevar mucho tiempo. En esto cuesta fijar un punto final, porque, en principio, un producto siempre puede ser más grande, mejor y más bonito. Además, las partes que forman tu concepto cambian con el tiempo. Piensa, por ejemplo, en los recursos disponibles, el público objetivo o tu propia visión. Por todas estas razones, tendrás que mantenerte abierto a aportaciones y ajustes desde distintos ángulos.
6. «I’mpossible»
Igual que la lotería nacional, nosotros creemos en la máxima de que 'todo es posible'. Pero cuando ya has comprobado que tus objetivos son claros, realizables y con margen para cambiar, da un paso más y pregúntate si son de verdad necesarios. Técnicamente se puede hacer realidad muchísimo, pero que todo encaje entre sí y contribuya al valor añadido, eso ya es otra historia.
Nos encanta pensar contigo en las posibilidades de hacer realidad un concepto. Y en esto volvemos siempre a lo esencial: no hacemos necesariamente lo que tú crees mejor, ni lo que nosotros creemos mejor, sino que nos aseguramos de llevar a cabo las acciones que son mejores para el objetivo final del producto. Al final, de eso se trata, ¿no?
7. «La comunicación y la transparencia son clave»
Una vez que has empezado a desarrollar el producto, la comunicación es uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta. El desarrollo es un proceso paso a paso, así que una planificación ajustada y unos puntos de acción claros son un requisito. Puede sonar a obviedad, pero aquí una mala comunicación sobre ciertas expectativas puede provocar grandes malentendidos. Al ir ajustándolas constantemente entre todos desde distintos ángulos, todas las partes implicadas saben cómo y por qué algo se puede o no se puede llevar a cabo.
8. «El producto no es la meta»
Tu producto está listo, se han invertido todo el tiempo y todos los recursos económicos disponibles, y tienes a punto una plataforma fantástica. Las partes implicadas están enormemente satisfechas con el resultado final. Pero cuando el producto está online, los usuarios brillan por su ausencia, y los objetivos fijados parecen de repente muy lejanos. Algo que no podemos repetir lo suficiente: ¡no olvides que el producto no es el punto final del proceso! Por muy bueno que sea nuestro resultado conjunto, de nada te sirve una idea genial si nadie llega a conocerla. Sacar bien un producto al mercado es igual de importante que todos los pasos previos a la producción. El marketing de tu plataforma puedes llevarlo tú mismo, pero también en esto te apoyamos con muchísimo gusto. Tras los brains y los builders, ponemos a trabajar a los boosters para que tu producto llegue de verdad al mercado y lo use tu público objetivo.
Si tienes preguntas sobre nuestros pasos, o feedback sobre ellos, ¡nos encantará saberlo! Y si quieres compartir tu idea con nosotros, cómo no, te invitamos con gusto a una taza de café.
Escrito por
Katja Poltavets